Argentina y Bolivia, dos ajustes opuestos en una región estancada
La foto económica regional muestra trayectorias divergentes: el eje ideológico ya no explica quién ajusta, sino el punto de partida y la secuencia.
- La CEPAL proyecta un crecimiento regional de 2,3 % en 2026, cuarto año consecutivo de desempeño mediocre.
- Argentina consolida su ajuste con desinflación y dólar estable, mientras Bolivia promulgó el 30 de julio un PGE reformulado que proyecta caída del PIB.
- El FMI y el Banco Mundial estiman para Bolivia una contracción superior al -3 %, mayor que el -1,28 % oficial.
La foto económica de América Latina muestra una región de bajo crecimiento pero de trayectorias divergentes. La CEPAL proyecta que la región crecerá alrededor de 2,3 % en 2026, levemente por debajo del 2,4 % de 2025, mientras el Banco Mundial es aún más cauto con un 2,1 %. Es el cuarto año consecutivo de crecimiento mediocre, con el PIB per cápita casi estancado.
Dentro de ese promedio gris conviven dos experimentos opuestos de ajuste. En Argentina, el gobierno de Javier Milei muestra desinflación —cerca de 16,9 % acumulado en 2026—, un dólar estabilizado en torno a $1.513 proyectado y un riesgo país en mínimos, con proyecciones de crecimiento del 3 %. El costo aparece en el consumo y los salarios rezagados y en una cuenta externa que se estrecha.
En Bolivia, el ajuste apenas empieza. El 30 de julio de 2026, el presidente Rodrigo Paz promulgó el Presupuesto General del Estado reformulado 2026, que eleva el presupuesto a 7.400 millones de bolivianos. El propio gobierno reconoce el giro del discurso, de expansión a ajuste. El texto proyecta inflación del 14 %, déficit fiscal del 9 % y una caída del PIB de -1,28 %, aunque el FMI y el Banco Mundial estiman una contracción superior al -3 %. Paz heredó, según sus propias palabras, la economía más compleja desde los años 80, con escasez de dólares y de combustible.
El tercer vértice del escenario es México y los aranceles. El mayor riesgo exógeno para toda la región sigue siendo el proteccionismo de Trump: la revisión del T-MEC condiciona no solo a México, sino las cadenas de valor de toda Norteamérica y el atractivo del nearshoring.
La lectura de fondo es que el eje ideológico izquierda-derecha ya no explica bien las políticas económicas. Argentina, de derecha, y Bolivia, de centro, hacen ajuste; la diferencia está en el punto de partida y en la secuencia. Argentina ajustó antes y hoy recoge estabilidad con costo social; Bolivia recién entra a la fase dura, sin colchón de reservas ni el respaldo externo que sí acompañó al programa argentino.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.