China enfrenta crisis de alergias por su Gran Muralla Verde tras 48 años
La Gran Muralla Verde de China, iniciada en 1978 para contener la expansión de desiertos, ha provocado un incremento alarmante en alergias respiratorias graves en poblaciones cercanas debido a especies como la artemisia y el álamo.
- La Gran Muralla Verde de China plantó 66.000 millones de árboles desde 1978 para contener desertificación
- Las especies elegidas por su crecimiento acelerado causaron que habitantes tengan el doble de probabilidades de padecer alergias respiratorias
- China destinó €747 millones para reemplazar especies nocivas por otras más seguras como ginkgo y ciruelo
El proyecto forestal más ambicioso de la historia moderna de China, conocido como la Gran Muralla Verde, enfrenta una crisis de reputación tras 48 años de implementación. Lo que comenzó en 1978 como una estrategia para contener la expansión de los desiertos de Gobi y Taklamakán mediante la plantación de 66.000 millones de árboles, ha revelado consecuencias preocupantes para la salud pública.
La selección de especies vegetales como la artemisia, el sauce y el álamo, elegidas por su resistencia y capacidad de crecimiento acelerado, provocó un incremento alarmante en tasas de alergias respiratorias. El polen de estas plantas desencadena cuadros severos de asma bronquial y fiebre del heno. Los habitantes de regiones aledañas a estas barreras forestales tienen hoy el doble de probabilidades de padecer afecciones alérgicas que antes del inicio del proyecto.
Las autoridades chinas destinaron 747 millones de euros para reemplazar especies nocivas por otras más seguras como el ginkgo o el ciruelo, además de implementar fitohormonas para inhibir la emisión de polen. No obstante, investigaciones publicadas en Geophysical Research Letters por la Universidad de Pekín detectaron que los bosques plantados presentan limitaciones. Su cobertura foliar crece 66 por ciento más rápido que en áreas naturales inicialmente, pero alcanzan su techo operativo entre los 30 y 40 años, momento en el cual su desarrollo se estanca, mientras los ecosistemas naturales mantienen crecimiento constante.
Experiencias previas subrayan los riesgos de la ingeniería ecológica a gran escala. En 1991 en Ningxia debieron talar y quemar 24 millones de árboles por plagas causadas por selección inadecuada de especies. En Jingbian, la plantación de álamos agotó recursos hídricos locales, agravando la desertificación que buscaban combatir. Aunque el proyecto redujo la intensidad de tormentas de arena en un 70 por ciento, el balance entre beneficios climáticos y riesgos sanitarios demuestra que la naturaleza no es dócil frente a la intervención humana a gran escala, según reportó La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.

