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Investigación

Data centers de IA: US$725.000 millones y un costo ambiental

Un explicador sobre qué son los centros de datos de inteligencia artificial, por qué América Latina se volvió campo de disputa y qué preguntas revelan su impacto real.

A
Resumen IA — Tres claves
  • Los hyperscalers invertirán cerca de US$725.000 millones en 2026, unos 75% en infraestructura de IA.
  • Brasil concentra el 48% de la capacidad instalada de data centers y el 71% de la que está en construcción.
  • El consumo masivo de agua y energía de estos complejos genera alertas ambientales en la región.
Fotografía referencial · Ahora

Las grandes tecnológicas, los llamados hyperscalers —Amazon con AWS, Microsoft con Azure, Alphabet con Google, Meta y Oracle— preparan una inversión conjunta cercana a 725.000 millones de dólares en 2026, alrededor de 77% más que en 2025, con aproximadamente 75% destinado a infraestructura de inteligencia artificial: chips, GPU y centros de datos. En esa carrera, Brasil aparece como el gran polo latinoamericano, con cerca del 48% de la capacidad instalada de data centers de la región y el 71% de la que está en construcción, con un potencial estimado de 100.000 millones de reales anuales en inversiones.

Un centro de datos es, en esencia, un edificio industrial lleno de servidores: computadoras especializadas que almacenan y procesan información de forma continua. Todo lo que ocurre "en la nube" —correo, streaming, banca digital, aplicaciones— vive físicamente en alguno de estos edificios. No hay nube sin ladrillos: la nube es una metáfora de miles de servidores enchufados a la electricidad y refrigerados las 24 horas. Un data center de inteligencia artificial, además, debe entrenar y hacer funcionar modelos que generan texto, imágenes o predicciones, lo que exige chips mucho más potentes, las GPU, agrupadas por miles. Entrenar un modelo grande puede consumir tanta energía como una pequeña ciudad durante días.

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Varias piezas encajan en 2026 para explicar por qué la región se volvió atractiva. La conectividad mejoró, con casi la mitad de América Latina con banda ancha veloz. Hay energía competitiva, sobre todo en Brasil, cuya matriz es fuertemente hidroeléctrica y renovable. Existe una demanda interna enorme y desatendida: se estima que solo una de cada diez empresas de la región usa realmente la IA, y hay proyecciones de que podría aportar hasta 1,7 billones de dólares a la economía latinoamericana. A ello se suma la geopolítica de la soberanía de datos, que empuja a alojar la infraestructura en casa.

Aquí está el gran pero. Especialistas y ambientalistas advierten que el consumo masivo de energía y agua de estos complejos puede tensionar los recursos locales. Un data center de IA compite por la misma electricidad y la misma agua que usan los hogares y la agricultura. En países con sequías recurrentes o redes eléctricas frágiles, la llegada de un hyperscaler puede significar empleo e inversión, pero también presión sobre tarifas, embalses y acuíferos. La paradoja es evidente: la matriz verde que atrae a las tecnológicas puede degradarse si la demanda crece más rápido que la generación limpia.

En el corto plazo, los ganadores visibles son las constructoras, las empresas de energía y los proveedores de refrigeración y fibra óptica, además de los gobiernos que anuncian empleo. Pero el valor de largo plazo —los modelos de IA, la propiedad de los datos, las patentes— tiende a quedarse con las casas matrices en el exterior. La pregunta estratégica es si la región será sede de servidores o también desarrolladora de tecnología. Ante el próximo anuncio de inversión récord conviene preguntarse de dónde saldrá la energía, cuánta agua usará y de qué cuenca, qué incentivos fiscales dio el gobierno y por cuántos años, y cuántos empleos permanentes genera. Esas cuatro preguntas separan el marketing del impacto real.

Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.

Fuentes