Mencho Sosa fusiona fútbol, circo y teatro en presentaciones por más de 35 países
De las canchas de River a los escenarios del Carnaval de Venecia, Mencho Sosa construyó una trayectoria que rescata la dimensión lúdica y poética del fútbol mediante la fusión de disciplinas artísticas.
- Mencho Sosa, originario de Santos Lugares, abandonó la carrera futbolista profesional en River para dedicarse al arte escénico
- Ha viajado por más de 35 países presentando un lenguaje que combina fútbol, circo y teatro, incluyendo actuaciones en el Carnaval de Venecia
- Sosa se formó en la Escuela Argentina de Mimo y la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de Buenos Aires, combinando técnicas teatrales con malabares callejeros
Mencho Sosa creció en Santos Lugares, en las veredas y campitos que rodeaban las vías del tren, donde la pelota se convirtió en compañía central de la infancia. Como cuenta el propio artista, improvisaba balones con latas aplastadas y papeles envueltos en cinta, en un universo donde el juego prescindía de reglas formales y la calle funcionaba como patio compartido. Esa lógica esencial moldeó una forma de estar en el mundo donde la pelota ocupaba un lugar casi sagrado.
El sueño inicial siguió el cauce clásico de muchas historias argentinas: el fútbol profesional como destino. Pasó por varios clubes, entre ellos River Plate, donde aprendió compañerismo y disciplina. Sin embargo, con los años la presión y la competencia feroz desplazaron aquel goce primario. "De chico era todo divertirse con la pelota, pero con los años las presiones me hicieron perder un poco esa parte lúdica y ya no disfrutaba competir", confesó. El giro llegó desde el teatro: tras descubrir la capacidad de los actores para comunicar y crear historias mediante el cuerpo y la voz, se formó en la Escuela Argentina de Mimo y la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de Buenos Aires.
La calle volvió a aparecer como escenario central. Mencho Sosa combinó estudio formal con trabajo artístico en semáforos y espacios públicos, una escuela directa que expandió su horizonte desde el país hacia naciones limítrofes y luego Europa. El fútbol, el circo y el teatro dejaron de ser universos separados para fundirse en un lenguaje propio, donde la pelota perdió su condición de objeto técnico y se transformó en compañera escénica con carácter y ritmo autónomo. Desde entonces, ha presentado su propuesta fusionada en más de 35 países, llevando la esencia lúdica del juego a escenarios como el Carnaval de Venecia, según reportó La Nación.
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