Justicia y gobernanza: reflexiones sobre el poder en contextos de crisis
El articulista desarrolla una reflexión sobre la gobernanza basada en el discernimiento ético, tomando como punto de partida el relato bíblico del rey Salomón y su petición de sabiduría.
- La justicia debe ser fundamento de la gobernanza, no la venganza ni la amnesia selectiva
- El perdón político complementa pero no sustituye a la justicia; requiere que se esclarezca la verdad y se asuman responsabilidades
- Instituciones fuertes y contrapesos son necesarios para evitar que el poder dependa de la voluntad individual del líder
En contextos de crisis institucional, la reconstrucción del espacio público requiere que la justicia actúe como eje ordenador del poder, no la venganza ni el olvido selectivo. Este principio se ilustra a través del relato bíblico en el que Salomón, recién investido como rey, pide a Dios un corazón para discernir entre el bien y el mal en lugar de solicitar riqueza o la derrota de sus enemigos. La distinción entre venganza y justicia es estructural: la venganza perpetúa conflictos mediante la violencia, mientras que la justicia procesa el daño y lo transforma en fundamento para la convivencia futura.
Las sociedades que han transitado desde escenarios de fractura hacia órdenes más estables lo han logrado equilibrando perdón y justicia. El perdón sin justicia deviene impunidad; la justicia sin horizonte reconciliador perpetúa el conflicto. Este balance requiere instituciones que medien las decisiones según normas y procedimientos verificables, no según la voluntad del gobernante. Liderazgos autorreferenciales que se asumen como portadores de la verdad tienden a sustituir la justicia por arbitrariedad.
El perdón en clave política no significa olvido del daño causado, sino la posibilidad de reintegrar al tejido social a quienes fueron parte del conflicto una vez esclarecida la verdad y asumidas las responsabilidades. Este proceso exige tiempo, dolor y reflexión, y resulta fundamental para dinamizar el espacio público hacia el futuro. Sin este componente, la justicia corre riesgos de devenir persecución ideológica.
Gobernar, en última instancia, es juzgar bien. Las instituciones deben escuchar, ponderar y decidir con criterios verificables que garanticen equidad, lo que Hannah Arendt conceptualizaba como recuperación del espacio público: ámbito de aparición, deliberación y responsabilidad compartida. La humildad del liderazgo, reconociendo los propios límites y los valores del adversario, resulta indispensable para que la justicia sea posible.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.