Las transiciones democráticas requieren desmontar estructuras de poder autoritario, no solo cambiar gobernantes
Luego de 27 años de concentración del poder, una eventual transición política en Venezuela debe enfrentar un reto mayor que sustituir autoridades: desmantelar el entramado institucional, administrativo y jurídico que soportó el sistema autoritario, plantea Luis Ernesto Aparicio M.
- Las transiciones políticas no terminan con las elecciones sino que comienzan ese día; gobernar tras autoritarismo exige reformas institucionales profundas para evitar reproducir los mismos mecanismos.
- La experiencia húngara ofrece un caso de estudio relevante: tras años de concentración progresiva del poder por Viktor Orbán, el nuevo gobierno promovió reformas para limitar mandatos presidenciales y recuperar independencia institucional.
- El reto consiste en recuperar reglas democráticas sin utilizar los mismos métodos autoritarios que se pretende superar, una discusión que Venezuela también debería iniciar.
Las transiciones políticas no terminan el día de las elecciones sino que comienzan ese mismo día. Gobernar después de un largo período de concentración del poder exige mucho más que sustituir a un presidente; requiere decidir qué instituciones deben reformarse, cuáles preservarse y cómo evitar que un nuevo gobierno reproduzca los mismos mecanismos que hicieron posible el autoritarismo. En el caso de Venezuela, mientras la atención se concentra en cómo salir del chavismo tras 27 años, existe un vacío de reflexión sobre cómo desmontar el entramado institucional, administrativo y jurídico que fue construido durante ese período.
La historia ofrece distintas experiencias de transiciones. Hungría presenta un caso especialmente interesante para observar uno de los problemas más complejos de toda reconstrucción democrática: cómo desmontar un aparato de poder profundamente arraigado sin debilitar el propio Estado de derecho que se pretende reconstruir. Durante años, el gobierno de Viktor Orbán concentró progresivamente el poder político, redujo espacios de control institucional y fortaleció un modelo que definió como una «democracia iliberal», expresión que otros dirigentes han utilizado posteriormente para justificar fórmulas similares de concentración del poder. Una extensa red de intereses políticos, económicos e institucionales se consolidó, dificultando su desmantelamiento rápido.
El verdadero reto consiste en recuperar las reglas democráticas sin caer en la tentación de utilizar los mismos métodos que se pretende superar. Una de las primeras iniciativas del nuevo gobierno húngaro fue promover reformas orientadas a limitar nuevamente la concentración del poder, destacándose la limitación de mandatos del primer ministro y cambios para recuperar la independencia de instituciones de control constitucional. Las democracias no se reconstruyen únicamente ganando elecciones; también deben crear mecanismos que dificulten que el autoritarismo vuelva a instalarse.
Mientras algunos discuten si las elecciones deben realizarse hoy o en algunos meses, Venezuela debería también dedicar tiempo a responder otra pregunta igualmente importante: cómo garantizar que quien resulte elegido pueda gobernar sin reproducir los patrones de concentración de poder. Ninguna transición es idéntica a otra, pero desmontar 27 años de concentración del poder exige mucho más que un triunfo electoral, según reflexionó Aparicio M. en TalCual.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.
