El giro a la derecha en América Latina redibuja el mapa 2025-2026
Chile, Bolivia y Colombia sumaron gobiernos de derecha en menos de un año. El fenómeno es más un voto de castigo a los oficialismos que un bloque ideológico coherente.
- Chile, Bolivia, Colombia y Perú sumaron gobiernos de derecha o centroderecha entre octubre de 2025 y julio de 2026.
- Los factores comunes son el voto de castigo económico, la inseguridad, la antiincumbencia y los liderazgos digitales.
- El fenómeno es más un castigo a los oficialismos que un bloque ideológico coherente, y su test es la capacidad de gobernar.
En apenas ocho meses, América Latina completó un viraje político perceptible. Entre finales de 2025 y mediados de 2026, la derecha y la centroderecha ganaron elecciones clave en el Cono Sur y la región andina, revirtiendo buena parte de la segunda marea rosa, el ciclo de gobiernos de izquierda de 2018 a 2023. No es un fenómeno homogéneo, pero sí una tendencia transversal.
El mapa es elocuente. En Chile, el 14 de diciembre de 2025 el ultraderechista José Antonio Kast ganó la segunda vuelta con 58,16% frente al 41,84% de la oficialista Jeannette Jara, y asumió el 11 de marzo de 2026. En Bolivia, Rodrigo Paz, de centroderecha, ganó el balotaje del 19 de octubre de 2025 y asumió el 8 de noviembre, poniendo fin a casi 20 años de hegemonía del MAS. En Colombia, el conservador Abelardo de la Espriella derrotó por estrecho margen a Iván Cepeda el 21 de junio de 2026 y asumirá el 7 de agosto. En Perú, José Jerí asumió la Presidencia el 10 de octubre de 2025 tras la vacancia de Dina Boluarte, en un giro institucional más que electoral. Argentina, con Javier Milei desde diciembre de 2023, es la referencia ideológica del bloque.
Aunque cada país tiene su historia, hay denominadores comunes: el voto de castigo económico por la inflación y el deterioro del poder adquisitivo; el avance de la inseguridad y el crimen organizado que empujó a discursos de mano dura; la antiincumbencia en un ciclo de alta insatisfacción; los nuevos liderazgos construidos en redes sociales; y el reordenamiento de prioridades por la migración y las tensiones fronterizas.
Conviene evitar dos simplificaciones. Primera, no toda la derecha es igual: Milei, libertario; Kast, conservador nacionalista; Paz, democristiano de centro; y De la Espriella, conservador, tienen agendas muy distintas en economía, religión y política exterior. Segunda, estos triunfos no garantizan estabilidad. El caso colombiano, con una transición en conflicto abierto, y la crisis de gobernabilidad boliviana muestran que ganar la elección no equivale a gobernar con holgura.
El verdadero test de estos gobiernos no fueron las urnas, sino la capacidad de gobernar que empieza ahora. Habrá que mirar las transiciones tensas, el alcance de las reformas económicas, la construcción de mayorías legislativas y el papel de la izquierda como oposición. Cada próxima elección regional será leída como termómetro de si la ola de derecha se consolida o si la antiincumbencia también empieza a erosionarla.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.
