El superciclo electoral 2026 y el giro a la derecha en la región
En apenas dos años, buena parte de la región renovó sus gobiernos casi en cadena, en un giro impulsado por la seguridad, el voto de castigo y el factor Trump.
- El superciclo electoral concentra elecciones en América Latina entre 2025 y 2026 con un giro mayoritario a la derecha.
- Perú, Colombia, Chile, Argentina, Ecuador y Bolivia definieron gobiernos con márgenes ajustados en varios casos.
- Tres claves explican el giro: la seguridad, el voto de castigo y el factor Trump; Brasil vota en octubre de 2026.
Se llama superciclo electoral a la inusual concentración, entre 2025 y 2026, de elecciones presidenciales y legislativas en buena parte de América Latina. En apenas dos años, países que suman la mayoría de la población y del PIB regional renovaron sus gobiernos casi en cadena. Ese solapamiento convirtió a la región en un laboratorio político observado de cerca por mercados, inversores y cancillerías.
El ciclo comenzó a inclinarse hacia la derecha en 2025. En Argentina, Javier Milei consolidó su proyecto de ajuste y lo ratificó con una amplia victoria en las legislativas del 26 de octubre. En Ecuador, Daniel Noboa apostó por la militarización de la seguridad; en El Salvador, Nayib Bukele profundizó su modelo de mano dura; en Honduras se impuso Nasry Asfura. En Chile, tras la segunda vuelta del 14 de diciembre de 2025, el ultraderechista José Antonio Kast derrotó a Jeannette Jara con cerca del 58 % de los votos y asumió el 11 de marzo de 2026 un autodenominado gobierno de emergencia.
En 2026, Perú abrió el calendario con elecciones generales el 12 de abril, en las que más de 27 millones de electores eligieron presidente y, por primera vez en décadas, un Congreso bicameral de 130 diputados y 60 senadores. En la segunda vuelta del 7 de junio, Keiko Fujimori se impuso a Roberto Sánchez por apenas unos 49.600 votos, en torno al 50,0 % contra 49,9 %. Colombia fue el caso más disputado: el 21 de junio Abelardo de la Espriella venció por menos de dos puntos a Iván Cepeda y asumirá el 7 de agosto. Bolivia completó el mapa con Rodrigo Paz, que llegó al poder a finales de 2025 rompiendo casi dos décadas de hegemonía del MAS.
El giro se explica por tres claves. Primero, la seguridad como tema dominante, con campañas construidas sobre promesas de mano dura, del modelo Bukele al gobierno de emergencia de Kast. Segundo, el voto de castigo por desgaste de los oficialismos: inflación, bajo crecimiento, corrupción y fatiga con las élites. Tercero, el factor Trump, con presión arancelaria, reafirmación de la influencia estadounidense y, en el caso extremo de Venezuela, una intervención directa que dejó a Washington como administrador de facto tras la captura de Maduro.
El único gran país pendiente es Brasil, que vota en octubre de 2026 con Lula da Silva como favorito. Si la izquierda retiene Brasil, junto con el México de Claudia Sheinbaum, las dos mayores economías quedarían fuera de la tendencia. La pregunta ya no es electoral sino de gestión: la variable decisiva será la capacidad de los nuevos gobiernos de convertir promesas en resultados, algo que Bolivia, con su crisis temprana, ya puso a prueba.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.