El Valle de Antón: de la identidad comunitaria al desarrollo sostenible internacional
Un nuevo libro de Ricardo González de Mena examina cómo El Valle de Antón logró convertirse en referente internacional de desarrollo territorial sostenible en apenas tres años durante la pandemia de COVID-19.
- El Valle de Antón es el cráter volcánico habitado más grande del mundo y obtuvo premio Best Tourism Village de ONU Turismo en 2024
- La identidad comunitaria y planificación territorial pionera de 2001 precedieron al crecimiento desordenado
- Un modelo público-privado con la Ruta de la Caldera de 35 kilómetros integrada a proyecto nacional de 1.000 kilómetros de senderos
El libro 'Memoria para crear futuro' de Ricardo González de Mena propone un método replicable para el desarrollo territorial sostenible a través del análisis de El Valle de Antón, el cráter volcánico habitado más grande del mundo. Más allá de relatar los logros alcanzados, el libro plantea que el desarrollo sostenible no es una condición terminada sino una tarea permanente que exige visión, coherencia y participación comunitaria. El hecho de que este resultado se alcanzara en apenas tres años, en plena pandemia de COVID-19, subraya la relevancia del modelo propuesto.
La identidad comunitaria precedió al desarrollo. Desde 1928, un Comité Pro-Carretera impulsó la integración local. Siete décadas después, esa misma vocación cívica originó ADESVA (Asociación para el Desarrollo Sostenible de El Valle de Antón) y un plan de ordenamiento territorial pionero en 2001 que fijó reglas de densidad, uso de suelo y protección hídrica. La segunda lección es la asociatividad: el caso vallero no lo protagoniza un héroe individual sino una red de instituciones públicas y privadas que en 2022 creó un Comité de Gestión de Destino con un Plan de Acción ordenado.
El modelo incluye un producto ancla concreto: la Ruta de la Caldera, circuito de 35 kilómetros integrado al proyecto nacional de 1.000 kilómetros de senderos que da coherencia a un territorio con múltiples atractivos. El financiamiento es mixto: patrocinios por sendero, grupo de 'Amigos de la Ruta', aportes voluntarios de visitantes y rentabilización de la marca. Existe gobernanza formal a través de una organización sin fines de lucro que integra Estado y sociedad civil.
Sin servicios básicos no hay competitividad: El Valle llegó a pasar más de 200 horas mensuales sin electricidad, pero respondió con incidencia organizada que derivó en un centro de respaldo, línea paralela y programa sostenido de mantenimiento. El reconocimiento internacional de National Geographic, BBC, The New York Times y el galardón Best Tourism Village de ONU Turismo en 2024 fueron consecuencias del trabajo previo, no la meta. Un sendero aumentó sus ingresos 146% respecto a 2021, confirmando impacto económico local, según reportó La Prensa.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.


