Irán jugó el Mundial 2026 bajo represión política y presiones del Gobierno estadounidense
Impedidos de concentrarse en territorio estadounidense por sanciones a su cuerpo técnico, los jugadores iraníes debieron viajar a Norteamérica solo para jugar partidos mientras se alojaban en Tijuana.
- Gobierno estadounidense negó visas a técnicos iraníes por supuestos vínculos con la Guardia Revolucionaria
- Futbolistas como Sardar Azmoun fueron excluidos por gestos interpretados como deslealtad al régimen
- Amir Reza Nasr-Azadani fue arrestado y condenado a 16 años por participar en protestas civiles
La selección de Irán participó en el Mundial 2026 bajo una confluencia de presiones políticas, restricciones diplomáticas y represalias internas que transformaron su participación en lo que analistas describieron como un calvario. El Gobierno de Estados Unidos negó visas a miembros del cuerpo técnico bajo la acusación de vínculos con la Guardia Revolucionaria, catalogada como organización terrorista por Washington, lo que obligó a la selección a abandonar su concentración planeada en Tucson, Arizona, y trasladarse a Tijuana, México.
El desgaste físico y emocional fue severo: los jugadores debían viajar a Norteamérica únicamente para disputar sus partidos y regresar de inmediato a México al finalizar, generando una humillación adicional al recibir trato inferior al de otras selecciones. Dentro de la concentración, los futbolistas vivían bajo presión permanente, midiendo cada palabra y gesto, con represalias concretas contra quienes mostraban empatía hacia el sufrimiento de su pueblo.
El delantero Sardar Azmoun, con 57 goles en 91 partidos internacionales, fue excluido de la lista mundialista por publicar una fotografía en Instagram junto al jeque de Dubái, gesto que el régimen interpretó como traición. El caso de Amir Reza Nasr-Azadani fue aún más dramático: el futbolista fue arrestado y amenazado con la pena de muerte por unirse a protestas civiles, condena que tras presión internacional fue conmutada a 16 años de prisión. Ali Karimi, el legendario Maradona de Asia, vio confiscados sus bienes en Irán, incluida una mansión de tres pisos, en represalia por su exilio como activista por una monarquía constitucional democrática.
En los estadios norteamericanos, miles de iraníes acudieron no a alentar a su selección sino a protestar, ondeando la histórica bandera del León y el Sol, símbolo de Irán antes de la revolución islámica. Para la diáspora, la participación de Team Melli reflejaba la represión y falta de libertad dentro del país, según reportó Semana.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.



