La Cúpula: espectáculo de Flavio Mendoza apuesta por experiencia multisensorial sobre narrativa
La Cúpula, dirigida por Flavio Mendoza, funciona en el Predio del Casino Buenos Aires con una duración de 90 minutos. La propuesta desarma categorías tradicionales de circo y teatro, priorizando experiencia sensorial mediante plataformas móviles, proyecciones y acrobacia.
- Flavio Mendoza dirige La Cúpula en Predio del Casino Buenos Aires (Puerto Madero) con duración de 90 minutos
- Obra combina versión de 'El príncipe feliz' de Oscar Wilde con teatro, circo, danza, acrobacia y proyecciones en domo de 360 grados
- Propuesta enfatiza dispositivo espectacular sobre relato, generando tensión entre múltiples lenguajes artísticos sin jerarquía clara
La Cúpula es una propuesta de entretenimiento dirigida y producida por Flavio Mendoza que opera en el Predio del Casino Buenos Aires en Puerto Madero con funciones jueves y viernes a las 20:00, sábados a las 17:00 y 20:00, y domingos a las 15:00 y 18:00. La obra tiene una duración de 90 minutos e integra intérpretes como Nacho Pérez Cortés, Alan Lez y Valentina Podio, con coreografía de Catta y música de Fede Vilas.
La Cúpula se distancia de categorías tradicionales de circo, teatro o musical. Mendoza propone una experiencia que combina distintas disciplinas y tecnologías. El espacio arquitectónico —un domo de 360 grados sin columnas que obstaculicen la visión, equipado con plataformas móviles y un sistema de mapping que interviene sobre el techo— materializa esa voluntad de desborde. La obra presenta una versión de 'El príncipe feliz' de Oscar Wilde, originalmente publicado en Londres en 1888, llevando a escena un universo decimonónico con estatua recubierta de oro, rubí y ojos de zafiro, mientras narra el sufrimiento de una costurera y un joven escritor hambriento.
La propuesta genera una tensión interesante: la multiplicación de recursos —teatro, circo, danza, música, acrobacia, proyecciones y movimiento escénico— produce enorme potencia sensorial pero plantea interrogantes sobre qué organiza la experiencia. ¿La narración? ¿Los cuerpos? ¿La espectacularidad tecnológica? ¿La sorpresa? ¿O precisamente la imposibilidad de establecer una jerarquía?
La excelencia de los intérpretes destaca notablemente, así como los dispositivos circenses originales como el círculo de las gaviotas. Nacho Pérez Cortés conduce al público por los laberintos construidos. Elementos escenográficos y vestuario alcanzan nivel notable de belleza. Sin embargo, el sonido genera dificultades para escuchar lo que cantan los actores. La oscilación de la plataforma plagada de estímulos, sumada a proyecciones en altura y vacío casi absoluto en ocasiones, provoca hiatos en la espectación. Un mecanismo de relojería articula toda la propuesta, donde participantes técnicos visibles suben, bajan e inclinan plataformas en momentos exactos para que todo funcione a la perfección, según reportó La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.