La desinflación argentina de junio pone a prueba el bolsillo real
El posible mejor registro inflacionario del año para el Gobierno abre el interrogante sobre si la baja de precios se sostiene sobre la recesión.
- Las consultoras estiman el IPC de junio en Argentina entre 1,8 % y 1,9 %, el mejor dato del año.
- El REM del BCRA proyecta un cierre de 2026 en torno al 30,5 % anual.
- Salarios reales, consumo y empleo (que crecería solo 1,1 %) plantean dudas sobre la sostenibilidad de la baja.
Consultoras privadas anticipan que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio de 2026 en Argentina se ubicaría entre 1,8 % y 1,9 %, niveles no registrados desde agosto de 2025. De confirmarse, sería el mejor dato del año y un resultado seguido de cerca por la Casa Rosada, que apuesta a cerrar 2026 con cifras favorables. El número oficial del INDEC todavía está pendiente de publicación.
Las referencias del año muestran una trayectoria descendente: la inflación de abril de 2026 fue de 2,6 % mensual, y la expectativa de cierre anual según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central se ubica en torno al 30,5 %. En el plano regional, analistas señalan que el segundo semestre estará marcado por la evolución de los precios de las materias primas y por un posible fortalecimiento del dólar en los mercados emergentes.
La media de inflación regional supera el 3 %, frente al 2,4 % registrado en 2025, en un contexto de crecimiento moderado. El caso argentino se inscribe así en un escenario latinoamericano heterogéneo, donde la evolución cambiaria y de precios internacionales condiciona las proyecciones.
El desafío está en contrastar la desaceleración de la inflación con los indicadores de la economía real. Los salarios reales, el consumo privado —descrito por las fuentes como perdiendo impulso— y el empleo, proyectado a crecer apenas alrededor de 1,1 % en 2026, plantean la pregunta de si la baja de precios se apoya en una combinación de recesión y atraso cambiario.
Un análisis de la canasta básica por región permitiría medir si la desinflación efectivamente llega al bolsillo de los hogares o si se concentra en promedios que no reflejan la situación de los sectores de menores ingresos. La respuesta será determinante para evaluar la sostenibilidad del proceso en el segundo semestre.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.