Identidad digital en Perú requiere arquitectura abierta desde su inicio
La identidad digital anunciada por el gobierno peruano promete simplificar trámites, pero expertos advierten que su valor depende de la arquitectura elegida: si es abierta como en India y Estonia, o centralizada y opaca.
- El gobierno peruano propone crear una Autoridad Nacional Digital con identidad digital para cada ciudadano, promoviendo un Estado "eficiente y cercano".
- Las decisiones clave incluyen quién define el estándar de interoperabilidad, quién vigila el acceso a datos y quién auditará el uso de la infraestructura.
- Modelos abiertos como Aadhaar en India y X-Road en Estonia permiten que entidades públicas y privadas desarrollen servicios sobre la infraestructura con autorización ciudadana.
El primer Mensaje a la Nación del gobierno peruano anunció inteligencia artificial en dos frentes: plataformas para mapear el delito y la creación de una Autoridad Nacional Digital con identidad digital para cada ciudadano, con la promesa de construir un Estado "eficiente y cercano" donde realizar un trámite deje de ser un obstáculo. El alcance de ambas promesas dependerá de una decisión previa: la arquitectura que las sostendrá.
El momento de definir la arquitectura de cualquier capacidad digital del Estado es antes de construirla, no después. En el caso de la identidad digital, las decisiones clave serán cómo se identificará a cada ciudadano, cómo se conectarán las bases de datos y bajo qué reglas se gobernará el uso de la información. Esto exige resolver tres preguntas fundamentales: quién define el estándar de interoperabilidad, quién vigila el acceso a los datos y quién auditará el uso de esa infraestructura. Sin esa capa de gobernanza diseñada desde el inicio, hasta la mejor tecnología corre el riesgo de reproducir la opacidad que se pretendía superar.
El valor de una identidad digital está en su arquitectura. India con Aadhaar e India Stack, y Estonia con X-Road, siguieron el camino de una identidad digital abierta: el Estado no monopolizó los datos, sino que estableció un estándar común permitiendo que entidades públicas y privadas desarrollaran servicios sobre esa infraestructura, con autorización del ciudadano. Una identidad digital interoperable permitiría que cada entidad verificara con autorización ciudadana la información que necesita, sin obligar a repetir la identidad en cada trámite. Abrir una empresa, acceder a un crédito o recibir un beneficio social podría tomar minutos en lugar de días.
El Perú ha pasado buena parte de su historia reciente como tomador de estándares ajenos. La identidad digital propuesta por el gobierno, si se construye abierta desde el primer día, es una de las pocas oportunidades reales para cambiar ese rol. La ambición no está en el discurso, sino en la decisión de arquitectura que aún no se ha tomado. Allí está la semilla que determinará si el Perú innova o solo administra su atraso, según reportó El Comercio.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.
