Cine y arquitectura de Gaudí convergen en nuevas producciones de Netflix y directores como Allen
Barcelona y la obra del arquitecto Antoni Gaudí trascienden su función de escenarios para convertirse en protagonistas invisibles de narrativas cinematográficas que capturan emociones imposibles de recrear en estudios de filmación.
- Netflix estrenó Ciudad de sombras, miniserie de seis capítulos que sitúa crímenes en la Barcelona modernista de Gaudí
- Woody Allen utilizó Park Güell y Sagrada Familia en Vicky Cristina Barcelona (2008) para reflejar pulsiones íntimas de sus personajes
- Las formas ondulantes y geometría de creaciones de Gaudí funcionan como espejos visuales de estados emocionales en narrativas cinematográficas
Barcelona pertenece a la segunda categoría de ciudades cinematográficas: aquellas que dejan de ser simples escenarios para convertirse en personajes. La arquitectura de Antoni Gaudí —con sus curvas imposibles, cerámicas derretidas bajo el sol y edificios que desafían la lógica racional— posee cualidades excepcionales que respirar, sienten y laten, transmitiendo emociones que los directores descubren como planos y contraplanos capaces de dotar cualquier historia de misterio, sensualidad o melancolía.
Netflix acaba de estrenar Ciudad de sombras, miniserie de seis capítulos basada en la novela El verdugo de Gaudí del escritor Aro Sáinz de la Maza. Este thriller policial sitúa una sucesión de crímenes en el corazón de la Barcelona modernista, convirtiendo la obra del arquitecto en escenario entre idílico y poético. Los investigadores Milo Malart e Rebeca Garrido deben articular indicios bajo el marco místico que ofrecen las creaciones de Gaudí, que reaparece como protagonista invisible cuya arquitectura condiciona el clima emocional de la narración.
Woody Allen fue uno de los realizadores que mejor comprendió este potencial visual. En Vicky Cristina Barcelona (2008), no utilizó Barcelona como postal turística sino como territorio donde sus personajes descubren deseo, incertidumbre y libertad. La escalinata del Park Güell, presidida por la célebre salamandra de cerámica, aparece en un diálogo decisivo; las curvas del parque acompañan las vacilaciones afectivas de los personajes. La Sagrada Familia funciona como espacio de contemplación donde descubren belleza que desafía convenciones, mientras la terraza de Casa Milà consolida esa Barcelona soñada que Allen filma con fascinación y licencia poética.
Según reportó La Nación, la arquitectura de Gaudí representa en el cine el deseo de abandonar rigidez para dejarse llevar por lo inesperado, un papel encarnado por la presencia de Penélope Cruz en la narrativa de Allen.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.


