Daniel Ortega anuncia fin de elecciones en Nicaragua: "No volverá a haber elecciones"
Daniel Ortega cruzó un nuevo umbral al anunciar públicamente que en Nicaragua no volverá a haber elecciones, previstas originalmente para noviembre de 2027, abandonando la ficción electoral que las dictaduras contemporáneas usualmente mantienen.
- Ortega declaró "aquí no volverá a haber elecciones" el 19 de julio durante el acto del 47 aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, renunciando a preservar la ficción electoral.
- Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, matizó las declaraciones precisando que sí habrá elecciones bajo un nuevo marco constitucional que impediría participación de quienes el régimen califica como golpistas o receptores de financiamiento extranjero.
- Desde su regreso al poder en 2007, Ortega concentró progresivamente el control de la justicia, el Parlamento, el sistema electoral y fuerzas de seguridad, eliminando cualquier espacio de competencia política.
Las dictaduras contemporáneas rara vez eliminan las elecciones, prefiriendo manipularlas para revestir de una apariencia de legitimidad un poder que ya no admite alternancia. Daniel Ortega cruzó un umbral distinto al anunciar públicamente que en Nicaragua no volverá a haber elecciones, renunciando a preservar la ficción electoral. Al renunciar a la simulación electoral, el régimen ya no considera necesario disimular su carácter dictatorial, convirtiéndose en la versión centroamericana de un régimen de partido único. Las próximas elecciones estaban previstas para noviembre de 2027.
La reacción internacional negativa obligó rápidamente a Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, a matizar estas declaraciones, precisando que sí habrá elecciones, aunque bajo un nuevo marco constitucional destinado a impedir la participación de quienes el régimen califica como golpistas, traidores a la patria o receptores de financiamiento extranjero. Sin embargo, la diferencia es puramente semántica: si las únicas elecciones permitidas son aquellas cuyo resultado está predeterminado por la exclusión sistemática de toda oposición real, lo que emerge es la institucionalización de un régimen sin posibilidad de alternancia.
Paradójicamente, la abolición de la competencia electoral no es una demostración de fortaleza sino de temor. Aunque controla todos los poderes del Estado y ha desmantelado casi completamente a la oposición organizada, Ortega parece asumir que incluso unas elecciones manipuladas podrían convertirse en un vehículo para expresar el descontento ciudadano. El régimen ha eliminado a los partidos con capacidad real de competir, clausurado las organizaciones de la sociedad civil, silenciado a los medios independientes y forzado al exilio o encarcelamiento a la mayoría de los principales dirigentes opositores.
Desde su regreso al poder en 2007, Ortega concentró progresivamente y con absoluta impunidad el control de la justicia, el Parlamento, el sistema electoral y las fuerzas de seguridad. La brutal represión de las protestas de 2018, que dejaron un saldo de más de 300 muertos, seguida del encarcelamiento de candidatos presidenciales, la ilegalización de partidos y ONG, el cierre de medios independientes y el destierro y desnacionalización de opositores, completó la eliminación de cualquier espacio de competencia política. Para la ONU, este patrón constituye una persecución sistemática que podría configurar crímenes de lesa humanidad, según reportó Confidencial.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.
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