Por qué tiembla Colombia: guía de placas y magnitud sísmica
Una guía para entender la diferencia entre magnitud e intensidad, la duración del movimiento y por qué la gestión del riesgo salva vidas.
- La subducción de la placa de Nazca bajo la Suramericana explica los grandes sismos de Colombia.
- La magnitud mide la energía en la fuente y es logarítmica; la intensidad mide el daño en cada lugar.
- No se pueden predecir terremotos, pero la gestión del riesgo y los códigos sismorresistentes reducen las víctimas.
El terremoto del 10 de agosto reactivó una pregunta que resurge cada vez que la tierra se mueve en la región: por qué América Latina es tan sísmica y qué significan realmente las cifras que repiten los noticieros. La corteza terrestre está fragmentada en enormes placas tectónicas que se desplazan pocos centímetros por año. Colombia se ubica en una encrucijada compleja, en la zona de interacción de tres placas: Nazca, Suramericana y del Caribe. En el occidente colombiano, la placa de Nazca se hunde por debajo de la Suramericana en un proceso llamado subducción.
El movimiento no es suave: las superficies rocosas se traban y acumulan presión durante años o siglos, hasta que la energía se libera de forma súbita en ondas sísmicas. La misma subducción levantó la cordillera de los Andes y alimenta el vulcanismo regional, y por eso el Cinturón de Fuego del Pacífico concentra la mayoría de los grandes terremotos del planeta. Los expertos subrayaron que Colombia y Venezuela sintieron movimientos casi simultáneos, pero responden a mecanismos tectónicos diferentes y no están directamente conectados.
Cuando se dice que el sismo fue de 7,4 se habla de magnitud, una medida de la energía liberada en la fuente. La escala es logarítmica: cada punto entero equivale a unas 32 veces más energía. Por eso el salto de la primera estimación de 6,7 a la cifra final de 7,4 no es un detalle. La intensidad, en cambio, mide cómo se sintió y qué daños causó en cada lugar, y depende de la distancia al epicentro, la profundidad y, sobre todo, del tipo de suelo y de construcción.
La duración también importa. Las estaciones cercanas registraron entre 90 segundos y 2 minutos de movimiento significativo. Una sacudida prolongada somete a los edificios a un esfuerzo repetido que puede colapsar estructuras que habrían resistido un temblor breve de la misma magnitud. Tras el evento principal llegan las réplicas, sismos menores que pueden prolongarse días o semanas y que terminan de derribar construcciones ya debilitadas.
Ninguna tecnología actual permite predecir el día y la hora de un terremoto; solo existen sistemas de alerta temprana, como el de México, que avisan segundos antes de las ondas destructivas. La herramienta decisiva es la gestión del riesgo: códigos de construcción sismorresistentes, fiscalización de obras, simulacros y fondos de contingencia. La diferencia entre un sismo de magnitud 7 en un país preparado y en uno con construcción informal puede ser de decenas frente a miles de víctimas. La pregunta de fondo nunca es si volverá a temblar, sino si estaremos preparados.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.