Debate sobre inteligencia artificial en relaciones laborales se centra en tecnología, no en poder empresarial
El análisis advierte sobre la fetichización de la inteligencia artificial, un mecanismo mediante el cual el sistema tecnológico adquiere apariencia de agente autónomo mientras se ocultan las decisiones deliberadas de empresas que lo diseñan, financian y despliegan para beneficio propio.
- Regulación de IA se orienta hacia objeto tecnológico y no hacia relaciones de poder que lo producen
- Fetichización de la IA presenta el sistema como agente autónomo, ocultando decisiones humanas de empresas y diseñadores
- Debate debe cuestionar quién decide implementar sistemas, con qué objetivo y a quién beneficia, no solo si funcionan técnicamente
En junio, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social organizó un seminario titulado "La intervención del derecho del trabajo en la inteligencia artificial desde la perspectiva de las relaciones laborales", con participación del académico español José Eduardo López Ahumada de la Universidad de Alcalá. El título mismo de la actividad reveló una tendencia problemática: nombra una "intervención en la IA" como si el algoritmo fuera el sujeto del conflicto laboral, en lugar de enfatizar la intervención sobre las empresas que deciden implementar estos sistemas.
Existe una operación ideológica en curso que se describe como "fetichización" de la inteligencia artificial. Siguiendo conceptos de Karl Marx, la fetichización ocurre cuando relaciones sociales entre personas adoptan forma de relaciones entre cosas. Con la IA, el sistema se presenta como una fuerza autónoma con capacidades propias, sesgos propios, opacidad intrínseca, como si estos atributos pertenecieran a la tecnología y no a quienes la diseñan, financian y despliegan para obtener ganancias.
El resultado práctico de esta fetichización es que el debate regulatorio se orienta hacia el objeto tecnológico en lugar de hacia las relaciones sociales que lo producen. Se discute cómo regular la IA en lugar de cómo regular a las empresas que la emplean. Una regulación centrada en la tecnología pregunta qué puede hacer el sistema y si es transparente. Una regulación centrada en relaciones laborales debe preguntar quién tomó la decisión de implementarlo, con qué objetivo, a quién beneficia y quién asume los costos.
Las exigencias de transparencia algorítmica, explicabilidad de decisiones automatizadas y auditorías independientes sobre sistemas de evaluación de desempeño son conquistas legítimas necesarias. Sin embargo, merece reflexión por qué durante décadas sistemas opacos de evaluación de trabajadores funcionaron sin que se cuestionara el criterio de ascenso, disciplina y vigilancia laboral con la intensidad actual, según análisis de la diaria.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.
