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Investigación

Vera Rubin: la cámara de 3.200 megapíxeles que censa el cosmos

Explicador de fondo sobre el telescopio de Cerro Pachón, su misión LSST de diez años y por qué convierte a Chile en un balcón privilegiado del universo.

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Resumen IA — Tres claves
  • El Observatorio Vera C. Rubin, en Cerro Pachón (Chile), ya detectó más de 11.000 asteroides nuevos, 33 cercanos a la Tierra.
  • Cuenta con la cámara digital más grande de la historia, de 3.200 megapíxeles, y una inversión de unos 473 millones de dólares.
  • Su misión LSST hará un censo del cielo de diez años para cartografiar la materia y la energía oscura.
Fotografía referencial · Ahora

Durante 2026, los datos preliminares del Observatorio Vera C. Rubin ya permitieron identificar más de 11.000 asteroides nuevos, 33 de ellos cercanos a la Tierra, validados por el Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional. A ese balance se suma un asteroide récord, el 2025 MN45, de unos 710 metros. Y todo ocurrió antes de que arrancara en plenitud su gran censo de una década.

El observatorio está instalado en la cima del Cerro Pachón, en la región de Coquimbo, en el norte de Chile, a unos 2.700 metros de altura. Lleva el nombre de la astrónoma estadounidense Vera Rubin, pionera en la evidencia observacional de la materia oscura. Es un proyecto financiado principalmente por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) y el Departamento de Energía (DOE) de Estados Unidos, operado en el marco de NOIRLab, con una inversión del orden de los 473 millones de dólares y más de una década de construcción. Su puesta en marcha se comparó, por su relevancia, con el lanzamiento del Telescopio Espacial James Webb.

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El norte chileno concentra buena parte de la capacidad astronómica mundial gracias a sus cielos despejados, baja humedad, escasa contaminación lumínica y altitud. Esa combinación convierte al desierto de Atacama y a las cumbres cercanas —Cerro Pachón, Cerro Tololo, Paranal— en el mejor balcón del planeta para observar el hemisferio sur celeste. Alojar al Rubin refuerza el papel de Chile como plataforma científica global, un activo estratégico que trasciende el turismo astronómico.

El corazón del observatorio es una cámara digital de 3.200 megapíxeles, la más grande jamás construida para astronomía. En lugar de tomar fotos aisladas, el telescopio funciona casi como una cámara de cine del cosmos: barre el cielo del hemisferio sur completo cada tres o cuatro noches, registrando una secuencia continua. Un espejo principal de gran diámetro y un diseño óptico de campo amplio le permiten captar enormes porciones de cielo con una resolución y profundidad sin precedentes. Cada noche genera una cantidad colosal de datos, lo que obliga a una infraestructura de gestión y procesamiento de big data tan innovadora como el propio telescopio.

La misión insignia es el Legacy Survey of Space and Time (LSST): un censo del cielo de diez años que producirá la película astronómica más detallada de la historia. Al comparar imágenes sucesivas del mismo campo, los algoritmos detectan todo lo que cambia o se mueve: asteroides, cometas, supernovas, estrellas variables y fenómenos transitorios. Ese enfoque explica la lluvia de hallazgos recientes: los más de 11.000 asteroides ya reportados provienen solo de datos de puesta a punto, una cifra que los científicos describen como apenas la punta del iceberg. En materia de defensa planetaria, los 33 objetos cercanos a la Tierra posicionan a Rubin a la vanguardia; en cosmología, medir la posición y el movimiento de miles de millones de galaxias busca cartografiar la materia oscura y la energía oscura, el legado científico de Vera Rubin.

Rubin no es un telescopio más: representa un cambio de paradigma en cómo se hace astronomía, al pasar de apuntar a objetos puntuales a monitorear el cielo entero de forma continua. Para la ciencia latinoamericana, tenerlo en suelo chileno plantea una oportunidad y un desafío. Vale investigar cuánto capitaliza Chile ser sede de esta capacidad: el porcentaje de tiempo de observación y datos garantizados para instituciones chilenas, cuántos astrónomos locales se forman y si existe una industria nacional de datos e instrumentación, o si el país aporta sobre todo el cielo y el terreno mientras la ciencia de punta se procesa afuera.

Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.

Fuentes