Mina Escondida en Chile muestra la brecha de infraestructura que Argentina debe cerrar para el cobre
Escondida, la mina de cobre más grande del mundo operada por BHP en Chile, revela la diferencia estructural en infraestructura que separa a Argentina de su vecino trasandino tras tres décadas de inversión en caminos pavimentados y redes de alta tensión en la cordillera.
- Escondida aportó el 25% de la producción cobre chilena en 2025 y exportó US$14.500 millones; Chile vendió US$63.000 millones en minería ese año
- El rajo principal mide 3,5 km de largo, 2 km de ancho y 900 metros de profundidad; con un día de producción se fabrica cobre para 25.000 autos eléctricos
- Chile invirtió desde los años 90 en infraestructura vial y eléctrica mediante licitaciones privadas; Argentina aún tiene caminos de ripio y proyectos que dependen de grupos electrógenos diésel
Escondida, operada por la australiana BHP, es la mina de cobre más grande del mundo y funcionó como modelo de referencia para entender la brecha de desarrollo minero que existe entre Chile y Argentina. En 2025, esta sola operación aportó el 25 por ciento de toda la producción cobre de Chile y exportó aproximadamente US$14.500 millones. El país trasandino exportó US$63.000 millones en minería ese año, cifra comparable a lo que genera el complejo agroindustrial argentino, que ronda entre US$55.000 y US$60.000 millones anuales.
La escala física de Escondida es considerable: el rajo principal a cielo abierto tiene 3,5 kilómetros de largo, 2 kilómetros de ancho y 900 metros de profundidad. El distrito minero completo ocupa una superficie similar a la de Santiago o Singapur. La operación inició en 1991 y mantiene una vida útil estimada de 80 años más. En un solo día, sus tres plantas concentradoras producen el cobre necesario para fabricar 25.000 automóviles eléctricos, cantidad relevante considerando que la demanda global de cobre crece junto con la electrificación vehicular y la construcción de centros de datos para inteligencia artificial.
El acceso a Escondida ejemplifica las diferencias de infraestructura. Desde Santiago hasta Antofagasta operan 30 vuelos diarios; en contraste, Buenos Aires y San Juan cuentan con casi cuatro conexiones aéreas diarias. El viaje terrestre a Escondida dura dos horas por rutas pavimentadas sin deterioro. Para llegar a Vicuña, el proyecto que BHP y Lundin Mining desarrollan en San Juan, el recorrido requiere 10 horas en caminos que incluyen tramos de ripio con altura superior a 4.000 metros y nieve invernal.
La diferencia fundamental es histórica. Desde la década de 1990, Chile realizó inversiones fuertes en infraestructura vial y eléctrica mediante licitaciones privadas, proceso costoso en su momento pero que hoy permite acceso a caminos pavimentados y líneas de alta tensión en prácticamente cualquier punto de la cordillera. En Argentina, los proyectos de cobre en construcción aún dependen de grupos electrógenos y diésel porque el tendido eléctrico de alta tensión no ha llegado. Aunque Escondida lleva 36 años de operación mientras que Vicuña está en preconstrucción, la industria señala que ambos países comparten la misma cordillera y en muchos casos los mismos yacimientos binacionales, por lo que la brecha es de política pública, no de geología, según reportó La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.