La práctica de Martín Rejtman reafirma su estilo minimalista con personajes absortos en el azar
La práctica, del director argentino Martín Rejtman, reafirma su característica estética minimalista mediante la historia de un profesor de yoga que navega la ruptura de su pareja en medio de repetidas situaciones cotidianas vinculadas por el azar, en un filme que rechaza la histrionía y celebra el aceptar la ausencia de sentido.
- La película está ambientada en Chile y protagonizada por Esteban Bigliardi como Gustavo, un profesor de yoga en proceso de disolución de su relación
- Rejtman mantiene su estilo característico con personajes desapegados pero obsesivos, repeticiones de situaciones que marcan un ritmo secreto, y humor discreto integrado en la narrativa
- El filme retoma elementos del cine argentino de los noventa, con una ausencia deliberada de solemnidad que presenta personajes inmersos en la mediocridad sin aspiración épica
La práctica presenta a Gustavo, interpretado por Esteban Bigliardi, un profesor de yoga que atraviesa la disolución de su vínculo de pareja en la ciudad de Chile. A través de la circulación de Gustavo de casa en casa, su mantenimiento de la rutina de clases, lesiones sucesivas y la experiencia de temblores telúricos, la película construye su narrativa. El film abre con las consecuencias de uno de los tantos movimientos sísmicos que sacuden Chile—que Gustavo, como argentino, llamará 'terremoto'—y cierra con otro temblor al que ya no le asignará ningún nombre.
El estilo de Rejtman mantiene sus características distintivas: la paradoja de personajes fundamentalmente desapegados que pueden ser simultáneamente obsesivos; la reiteración de situaciones que funcionan como un compás marcando un ritmo secreto; y un olfato para incidir en rasgos pequeños pero cruciales de lo contemporáneo. El humor opera como un ritmo interno discreto, eficaz y medido, ensamblado en la repetición de manera similar a como se construían los golpes y torpezas en las clásicas comedias de slapstick.
Gustavo no es histriónico ni reacciona con ímpetu ante casi nada, pero insiste: persevera a pesar de la rodilla que se le retoba, del yeso que tendrá que portar, de la madre (Mirta Busnelli) que viaja desde Argentina a Chile sin claridad sobre si viene a ayudarlo o agobiarlo. Observa y procura respetar sus propias reglas en cuanto a la relación profesor-alumnos, viaja repetidamente a un retiro buscando encontrar algo, esa cuota de sentido que en realidad no está en ningún lugar. El cine de Rejtman lo sabe y lo acepta, con una suave risa de fondo.
La práctica reafirma la trayectoria de Rejtman desde sus inicios en el cine argentino de los noventa, cuando obras como Silvia Prieto quedaron impregnadas en el imaginario de una época junto al aluvión refrescante del Nuevo Cine Argentino. La ausencia de solemnidad en La práctica presenta personajes inmersos en situaciones mundanas, enlazados por el azar que puede tanto unirlos como alejarlos, engañosamente apáticos pero persistentes en sus rutinas cotidianas, según reportó La Nación.
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