China enfrentará crisis sanitaria por Gran Muralla Verde: alergias respiratorias en aumento
Las especies de artemisia, sauce y álamo plantadas desde 1978 liberan polen que desencadena asma bronquial y fiebre del heno, duplicando las tasas de alergias en regiones aledañas.
- China destinó 747 millones de euros para reemplazar especies alérgenas por ginkgo y ciruelo e implementar fitohormonas que inhiban emisión de polen
- Los bosques plantados alcanzan su techo operativo entre 30 y 40 años con crecimiento de carbono temporal, mientras ecosistemas naturales mantienen almacenamiento constante a largo plazo
- El proyecto redujo tormentas de arena en 70 por ciento pero lecciones previas incluyen tala de 24 millones de árboles en 1991 por plagas y agotamiento hídrico en Jingbian
La Gran Muralla Verde de China, proyecto ambiental iniciado en 1978 para contener la expansión de los desiertos de Gobi y Taklamakán mediante la plantación de 66.000 millones de árboles, atraviesa una crisis de reputación tras 48 años de implementación. La selección de especies vegetales por su resistencia y crecimiento acelerado, particularmente artemisia, sauce y álamo, provocó un incremento alarmante en las tasas de alergias respiratorias entre los habitantes de regiones aledañas. El polen de estas plantas desencadena cuadros severos de asma bronquial y fiebre del heno, duplicando la probabilidad de padecer afecciones alérgicas respecto a antes del proyecto.
Ante esta crisis sanitaria, las autoridades chinas destinaron 747 millones de euros para reemplazar especies nocivas por otras más seguras como el ginkgo y el ciruelo, además de implementar fitohormonas para inhibir la emisión de polen. Investigaciones recientes publicadas en Geophysical Research Letters, lideradas por el ecólogo Yuhang Luo de la Universidad de Pekín, revelan que los bosques plantados presentan una cobertura foliar que crece 66 por ciento más rápido que en áreas naturales, pero esta ventaja alcanza su techo operativo entre los 30 y 40 años, momento en el cual el desarrollo se estanca. Los ecosistemas naturales, en cambio, exhiben crecimiento más pausado pero constante, garantizando mayor resiliencia y capacidad de almacenamiento de carbono a largo plazo.
La gestión intensiva de estas plantaciones reveló lecciones dolorosas del pasado. En 1991, en Ningxia, el gobierno debió talar y quemar 24 millones de árboles debido a plagas causadas por selección inadecuada de especies. En Jingbian, la plantación de álamos agotó los recursos hídricos locales, paradójicamente agravando la desertificación que buscaban combatir. El investigador Kevin Dsouza de la Universidad de Waterloo señaló que medir el éxito exclusivamente por densidad foliar es un error, ya que el carbono se almacena también en suelos y raíces.
El proyecto logró reducir la intensidad de tormentas de arena en 70 por ciento, pero el balance entre beneficios climáticos y riesgos sanitarios o ecológicos demuestra que la ingeniería ecológica a gran escala carece de efectividad si no considera las particularidades biológicas de cada territorio, según reportó La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.