Hungría construyó democracia iliberal bajo Viktor Orbán desde 2010
Viktor Orbán transformó Hungría en una 'democracia iliberal' desde 2010 modificando instituciones, leyes y el sistema mediático para concentrar poder progresivamente, aunque el modelo comenzó a colapsar en 2026 tras su derrota electoral.
- Orbán obtuvo mayoría de dos tercios en 2010 que permitió modificar reglas del Estado y concentrar poder gradualmente
- Reformas incluyen cambios al tribunal constitucional, nueva constitución de 2012, control de medios y expulsión de CEU en 2017
- En 2026 Orbán fue derrotado electoralmente por Péter Magyar y Tisza, iniciando reversión de reformas
El desmantelamiento de la democracia liberal húngara no comenzó con el cierre de un periódico ni con un ataque a una universidad, sino en 2010 cuando Viktor Orbán y su partido Fidesz obtuvieron una mayoría de dos tercios en el Parlamento. Esa ventaja permitió a Orbán modificar las reglas del Estado desde dentro, convirtiendo una victoria electoral en una concentración progresiva del poder que perduraría dieciséis años.
Uno de los primeros objetivos fue el sistema de controles y equilibrios. El gobierno modificó el funcionamiento y composición del Tribunal Constitucional, redujo sus facultades y centralizó la administración judicial. Impulsó una nueva Constitución vigente desde 2012. El presidente de la Corte Suprema, András Baka, fue removido en 2011; años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó que su destitución había vulnerado sus derechos. El gobierno también sometió presión creciente a instituciones académicas independientes y en 2017 aprobó una ley que obligó a la Universidad Centroeuropea, fundada por George Soros, a abandonar Budapest y trasladarse a Viena.
Paralelamente, Orbán construyó un sistema mediático favorable a Fidesz mediante reformas legales, cambios en organismos reguladores y concentración de medios en manos de empresarios próximos al poder. Reuters reportó que durante los dieciséis años de gobierno, los medios críticos enfrentaron presiones financieras y estructurales mientras crecían los medios alineados con el Gobierno. Otras formas de expresión fueron restringidas, incluida la prohibición de desfiles del orgullo LGBTIQ, que generó un escándalo europeo.
El mecanismo trasciendió el control institucional: consistió en modificar las condiciones en las que esas instituciones actuaban. Se redibujaron distritos electorales, se cambiaron reglas políticas y se ampliaron facultades del Ejecutivo mediante estados de emergencia y decretos. Analistas describieron el resultado como un régimen híbrido en el que las instituciones democráticas permanecen pero funcionan bajo condiciones cada vez menos competitivas, según un informe del Scowcroft Institute of International Affairs de Texas A&M.
En 2026, sin embargo, ese edificio comenzó a desmoronarse. La derrota electoral de Orbán frente a su exaliado Péter Magyar y el partido Tisza abrió un proceso para retirar a aliados de Fidesz de instituciones clave, reformar el Poder Judicial y reorganizar los medios públicos. La experiencia húngara deja una lección: el deterioro democrático rara vez ocurre de golpe y puede avanzar mediante leyes, nombramientos, reformas administrativas y mayorías parlamentarias hasta que las instituciones continúan existiendo pero ya no cumplen su función, según reportó La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.