La transición en Venezuela: actores, mesas y el oro de Londres
Los acuerdos sobre el TSJ y el oro en el Banco de Inglaterra solo se entienden dentro de un proceso mayor mediado por Estados Unidos.
- El proceso nace de la captura de Maduro el 3 de enero de 2026 y la presidencia interina de Delcy Rodríguez.
- El diálogo funciona por ciclos con plenarias y mesas técnicas, mediado por Estados Unidos.
- Las señales clave son el cronograma electoral, el control del oro y el regreso de los líderes opositores excluidos.
Los titulares de esta semana sobre el acuerdo del Tribunal Supremo, el oro en el Banco de Inglaterra y un diálogo sin María Corina Machado solo se entienden dentro de un proceso mayor. El punto de partida es un hecho sin precedentes: el 3 de enero de 2026, en el marco de una operación militar estadounidense, Nicolás Maduro fue capturado. El presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos estaría al cargo del país hasta lograr una transición segura y descartó a Machado para encabezar el proceso. Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina, en lo que los analistas describieron como un cambio de liderazgo dentro del mismo aparato de poder.
Venezuela ha vivido al menos 18 procesos de negociación en dos décadas, desde Oslo y Barbados hasta República Dominicana y México, y casi todos fracasaron. La diferencia actual es doble: Estados Unidos ocupa una posición central en el diseño del proceso, no la de un facilitador externo, y la mesa no está encabezada por los liderazgos opositores tradicionales. Del lado oficialista negocia Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y del lado opositor Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea electa en 2015. Machado, Nobel de la Paz, está en el exilio en Panamá y ha dicho que no se opondrá.
El diálogo opera por ciclos. El primer ciclo se extendió cinco días y combinó plenarias entre ambas delegaciones con mesas técnicas especializadas: una enfocada en la emergencia por el doble terremoto del 24 de junio y otra en el fortalecimiento institucional del poder judicial y electoral. Cada ciclo cierra con un comunicado conjunto que fija compromisos. Esa arquitectura permite avanzar en temas concretos aunque el desacuerdo de fondo, cómo y cuándo habrá elecciones, siga abierto.
El primer ciclo produjo dos resultados. El primero es la renovación total del Tribunal Supremo de Justicia. En Venezuela, el control del poder judicial ha sido la llave para validar o anular resultados electorales, inhabilitar candidatos y blindar al poder, por lo que rehacer el TSJ desde cero es la precondición institucional para que una futura elección tenga garantías. El segundo es recuperar unas 31 toneladas de lingotes retenidas en el Banco de Inglaterra desde un litigio de 2019, con un valor estimado entre 1.300 y 1.900 millones de dólares, con la propuesta de destinar esos fondos a las víctimas del terremoto.
Entre las señales que conviene vigilar figuran la excarcelación de 131 presos políticos, que Rubio calificó de paso crucial, y los grandes pendientes que reclaman la oposición y las ONG: un cronograma electoral claro, la liberación de todos los presos políticos y la autonomía del Banco Central. Tres termómetros ayudan a leer las próximas noticias: si se fija fecha y árbitro electoral creíble, si se libera efectivamente el oro y con qué control, y si regresan al juego los liderazgos opositores excluidos. Si esas tres casillas avanzan, hay transición; si solo se mueven las dos primeras, podría tratarse de un reacomodo de élites con nueva etiqueta.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.