Gobernanza de FIFA enfrentó críticas por transparencia y derechos en 2026
El Mundial 2026 concluyó con cuestionamientos sobre la gobernanza de la FIFA. A pesar de iniciativas de derechos humanos por primera vez en anfitriones, la institución desmanteló su unidad especializada, evidenciando contradicciones entre valores proclamados y acciones concretas.
- FIFA implementó por primera vez requisitos de planes de derechos humanos en ciudades anfitrionas, pero posteriormente desmanteló su unidad especializada en derechos
- La entrega del Premio a la Paz de la FIFA careció de transparencia en criterios y procedimiento; levantamiento de sanción a Folarin Balogun tras llamada de Trump generó dudas sobre independencia
- Aficionados de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal fueron excluidos por políticas migratorias estadounidenses; FIFA modificó uniformes de Haití y eliminó estrofas del himno argelino
El Mundial 2026 concluyó con un justo campeón en España, pero el verdadero legado del torneo trasciende el resultado deportivo. El campeonato evidenció problemas estructurales de gobernanza y derechos humanos que afectan a la FIFA y al fútbol mundial. Por primera vez, cada ciudad anfitriona debió presentar un plan para garantizar el respeto de derechos humanos durante todas las etapas del torneo, iniciativa que parecía demostrar que la FIFA había aprendido tras críticas al Mundial de Qatar relacionadas con trabajadores migrantes. Sin embargo, ese avance perdió credibilidad cuando la propia FIFA desmanteló su unidad especializada en derechos humanos.
La gobernanza de la FIFA exhibió creciente politización de decisiones que deberían ser neutrales, falta de transparencia institucional y subordinación de valores deportivos a intereses económicos. La entrega del denominado Premio a la Paz de la FIFA estuvo rodeada de opacidad respecto de criterios de elegibilidad, candidatos considerados y procedimiento seguido, pareciendo responder más a afinidades políticas que a un proceso institucional verificable. Del mismo modo, la decisión de levantar la suspensión de Folarin Balogun después de una llamada del presidente estadounidense Donald Trump alimentó dudas sobre la independencia de órganos disciplinarios de la FIFA.
Las políticas migratorias estadounidenses también marcaron el torneo. Aficionados de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal no pudieron asistir al Mundial debido a prohibiciones de la Administración Trump, mientras otros enfrentaron grandes obstáculos para obtener visas. Los jugadores iraníes no fueron autorizados a permanecer en Estados Unidos entre partidos y al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan se le negó el ingreso. La FIFA no desarrolló actividad pública significativa para cuestionar estas políticas.
La FIFA también enfrentó críticas por aplicación desigual de reglas. Haití debió modificar su camiseta porque la institución consideró que contenía un símbolo político vinculado a la batalla de Vertières e independencia del país, aunque nunca explicó qué elemento infringía el reglamento. También eliminó de actos protocolares las estrofas del himno argelino referidas a la lucha anticolonial. En ambos casos se censuraron referencias históricas al dominio colonial francés, mientras otros himnos con alusiones bélicas permanecieron intactos. Según reportó La Prensa.
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