Mujer de 32 años permanece en búnker de San José por deuda de su pareja con crimen organizado
Hace ocho meses, una mujer se instaló en una casa abandonada sin puertas ni ventanas, rodeada de basura y desechos en un barrio del sur de San José. La mantiene allí una deuda de 350.000 colones que su pareja contrajo con un grupo delictivo, la custodia perdida de sus dos hijas y una creciente dependencia de drogas.
- Una mujer vive en una estructura abandonada por deuda de 350.000 colones que su pareja le dejó al huir
- Ha vendido únicamente 50.000 colones de lo adeudado tras vender electrodomésticos, pero enfrenta amenazas de muerte
- El grupo criminal la obliga a vender drogas en la casa como forma de castigo y control, mientras ella expresa su rechazo a estas actividades
Una madre de 32 años reside desde hace aproximadamente ocho meses en una estructura abandonada ubicada en una alameda del sur de San José. La vivienda carece de puertas, ventanas y techo, se encuentra inundada de basura y excremento humano, y emana un olor nauseabundo. La mujer, de cuerpo frágil y con pérdida significativa de dentadura, mantiene lucidez sobre su situación mientras intenta subsistir en condiciones de extrema precariedad.
Su llegada a este sitio respondió a una deuda de 350.000 colones que contrajo su pareja, padre de sus dos hijas menores de edad, con un grupo criminal dedicado a la distribución de drogas en la zona. El hombre huyó del lugar y dejó a la mujer respondiendo por la cantidad adeudada. Ella ha logrado cancelar únicamente 50.000 colones tras vender una lavadora y una refrigeradora que poseía, pero carece de recursos para saldar el resto.
Como mecanismo de castigo, los integrantes del grupo delictivo la han utilizado para vender drogas desde la misma casa, profundizando simultáneamente su dependencia a estas sustancias. La mujer ha expresado su rechazo a estas actividades, declarando que la gente del grupo es malvada. Perdió la custodia de sus dos hijas, quienes permanecen bajo cuidado de parientes. Aunque visualiza su salida como simple en la práctica, vive bajo constantes amenazas de muerte.
La mujer mantiene esperanza en el retorno de su pareja, a quien contacta ocasionalmente por teléfono sin obtener certeza sobre su paradero. Manifiesta que él le hizo una promesa y que su regreso sería la única forma realista de salir con vida de aquel lugar. Según reportó La Nación, en San José existen múltiples sitios similares ocupados por hombres y mujeres atrapados en dinámicas de coerción del crimen organizado.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.