Eliminación de derechos de exportación aceleraría inversión agrícola hacia 300 millones de toneladas
Un cambio de expectativas con eliminación por ley de derechos de exportación generaría una corriente inversora en el sector agrícola. La cosecha actual de soja no supera la de 2010, evidenciando estancamiento productivo que solo puede revertirse con certeza institucional.
- Los derechos de exportación (DEX) se aplican desproporcionadamente al campo porque es inmovilizable, mientras sectores como finanzas, minería e hidrocarburos logran regímenes especiales como RIGI
- La proporción de tributación entre renta financiera y renta agrícola es desigual: la agricultura soporta mayor presión fiscal que capital que puede emigrar
- Producción actual de soja no supera la cosecha mundial de 2010; sin inversión sostenida y reglas estables, el sector sigue en ciclos
Una paradoja estructural de la política fiscal argentina es que se grava con mayor presión no donde sea más equitativo, sino donde es más sencillo hacerlo. La tierra permanece visible e inmóvil, la producción exportable es fácil de controlar. No existe posibilidad de migrar la tierra a una jurisdicción más amigable; no tiene mecanismos de "offshore" ni agilidad de un fondo financiero. Esta inmovilidad la condena a soportar cargas tributarias desproporcionadas.
Los derechos de exportación constituyen la herramienta fiscal más sencilla para gravar la producción agrícola. Cada vez que un ministro de Economía necesita recursos con urgencia, la lógica fiscal apunta a quién no puede escaparse: el campo. Las retenciones se repiten como solución de primera instancia que se vuelve costumbre y luego estructural. El contraste con otros sectores es evidente: la renta financiera tributa considerablemente menos que la renta agrícola, debido a su capacidad de movilidad. Los inversores en minería o hidrocarburos negocian sus condiciones de entrada mediante Regímenes de Incentivos a Grandes Inversiones que les permiten operar sin obligación de liquidar divisas, sin cepo, ni derechos de exportación.
El estancamiento productivo es evidente. La cosecha actual de soja no superará la cosecha mundial de 2010. Sin certeza institucional, inversión sostenida y reglas estables, el sector seguirá cosechando ciclos en lugar de construir una plataforma productiva de largo plazo. El vaivén climático no reemplaza la certeza institucional. Un cambio de expectativas con reducción hasta eliminación por ley de derechos de exportación generaría una corriente inversora que permitiría alcanzar los 300 millones de toneladas que el Presidente proyecta. Los 200 millones estarían al alcance con este simple cambio, según análisis publicado en La Nación.
Este artículo fue redactado con asistencia de IA a partir de fuentes públicas y está sujeto a revisión editorial de Ahora.